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  • Writer's pictureVeronica Flamenco

Revestidas con modestia y pureza

Toda mujer por naturaleza desea ser vista y amada. Por eso típicamente se esmera en arreglarse para verse bonita y atractiva. Sin embargo, dado a que ella por el pecado original fue herida en su vanidad, tiende a exagerar, exhibir demás y caer fácilmente en la vulgaridad. Eso la denigra, desfigura y le resta seriedad. Además así solo logra atraer miradas lujuriosas y morbosas que no la dignifican ni valoran por lo que ella realmente es, sino por lo que muestra.


Por eso es importante recordarle que no hay mujer más fina, elegante y con clase que aquella que se reviste con modestia y pureza. Aquella que sabe que su cuerpo es un templo sagrado, un santuario de vida, un secreto exclusivo que solo debe ser revelado a su (futuro) esposo. Ella debe conocer su dignidad y cuidar el no exhibir de más. Solo ese pudoroso y prudente cuidado de sí misma atraerá miradas puras que la respetarán y amarán.


Mujeres, Cristo nos dice:

“No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.” Mateo 7,6.



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